jueves, 25 de febrero de 2016


 Estás vivo, lo sé, aún no te has ido del todo, pero casi ni respiras, casi ni abres los ojos. A veces entro a visitarte, me asomo por la puerta, puede que incluso me siente a tu lado y te mire de cerca un rato. Pocos días, los menos, te cojo la mano, cae alguna que otra lágrima discreta. Hace mucho que no me tumbo a tu lado, esperando que te despiertes, te muevas y me abraces. Ahora ya sé que nunca lo harás, es imposible. Siempre se suele guardar algún resquicio de esperanza hasta en las peores situaciones, pero me dolía demasiado seguir así. No voy a decirte que nunca me tiente la idea, pero no me permito ir más allá. He conseguido ser feliz una vez que salgo y cierro la puerta, hasta la próxima. Mi vida sigue adelante, ya no vivo con la cabeza en lo que fue nuestro mundo. Cada vez que vuelvo a verte, estás más débil. Soy consciente de que algún día entraré y ya no estarás. Y el mundo seguirá girando sin ti, y nosotros y nuestra historia seremos un pestañeo en el tiempo, algo que sucedió alguna vez, un recuerdo sin importancia para el universo, que morirá conmigo y del que nadie volverá a hablar. Nuestro amor como un cometa que pasó y se perdió para siempre. 

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